El Arte del Montaje: Cómo Cuerdo Diseña Platos que Cuentan Historias
- Grupo Seratta
- 26 dic 2025
- 2 Min. de lectura
En Cuerdo, el montaje es mucho más que estética: es narrativa visual. Cada plato se construye como una pequeña escena que busca contar una historia sin necesidad de palabras. La composición, los colores y las texturas se convierten en vocabulario.

El equipo trabaja con la sensibilidad de un director de arte. Antes de servir, se pregunta qué emoción debe despertar el plato: curiosidad, ternura, caos, sorpresa, nostalgia. Esa emoción guía el diseño. Nada se acomoda al azar; cada elemento tiene un propósito.
El color es uno de los protagonistas. Tonos tierra evocan raíces y bosques; verdes vibrantes hablan de frescura; morados y amarillos intensos evocan frutos tropicales llevados al límite. El plato se convierte en un cuadro donde el ingrediente es el pigmento.
La altura, los volúmenes y los vacíos son igualmente importantes. A veces, un vacío en el plato dice más que un exceso de elementos. La composición utiliza principios del diseño, pero se permite ser disruptiva cuando la historia lo requiere.
Las texturas son el punto donde el montaje visual se encuentra con el sabor. Un crujiente colocado en el ángulo correcto anticipa una sensación; una espuma aireada suaviza la vista y luego el paladar; un líquido brillante añade movimiento visual y gustativo.
Pero lo más importante del montaje en Cuerdo es su intención emocional. No se busca “bonito”. Se busca significativo. Que quien lo vea sienta una pulsación, un recuerdo, un pequeño sobresalto. El impacto visual es el primer capítulo del relato.
Así, los platos de Cuerdo no solo se comen: se leen, se interpretan, se contemplan. Son la prueba de que la gastronomía también puede ser arte, siempre que el fondo tenga tanto peso como la forma.






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